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La Coctelera

Adicto al jaque mate

28 Octubre 2009

Letanía del resistente

¿Le habrá tragado la corriente?, se preguntará alguno. Y no, no lo hizo todavía; aunque seguramente arreció con fuerza suficiente como para haber estado, como mínimo, demasiado cerca. Aguanto, y repito la letanía del resistente, un mantra de razones incontestables con las que trato de convencerme, sepultando mi ideas rebeldes bajo una densa capa de argumentos de peso. No lo logro siempre, ni siquiera en muchos casos, y todavía mis días -y mis noches, ay, mis noches insomnes y vertiginosas, en donde jamás parece concebible el sosiego-, se pueblan de nostalgias, congojas, dudas y anhelos. Emergeré de todo ello, lo sé, y será más pronto que tarde, cuando ni siquiera el desorden inherente a estos cambios pueda frenar el impulso que noto latir allá dentro, reclamando su lugar y urgiéndome a otorgarle el espacio que le prometí; sin el cual jamás me habría concedido la licencia para volver a reinventarlo todo, cuando quizás no era preciso hacerlo. Pero todavía no estoy aquí, y no sé para cuándo se anuncia mi llegada.

 

Mientras, lleno mi cabeza con las voces del Me acuerdo de Joe Brainard, prodigioso y mágicamente encabezado para mí en su página primera por la mano hermana e imprescindible (y generosa) que lo puso en mi hatillo; con el Nocilla Dream que le dio fama e impulso a Agustín Fernández Mallo (y en cuyas páginas persigo algunas claves, quizás el hilo gracias al cual mi tercera parte cobrará vida); con la espera ansiosa de Estancos del Chiado y la inminente llegada de El Golfo de los Poetas, ambos de Fernando Clemot, escritor amigo por vía del poeta inédito (y en quien creo haber encontrado claves para un tiempo largo y fecundo); con el prodigioso humor de Woody Allen y la música intimista, cálida, que parece acariciarte el rostro, pasando la mano sin miedo o aprensión por sus rugosidades, de Leonard Cohen y Quique González.

 

Y con esa dote hermosa, repito mi letanía, mientras espero a que amaine el temporal para asegurar de nuevo los pies en el suelo, erguido sin temores, y poder ejercer de caja resonante para quien todavía no perdió ni una sola de sus muchas esperanzas. Ojalá, terminaré diciendo; qué palabra bellísima.

 

V

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2 Octubre 2009

¿Fin de ciclo o sólo variación del mismo?

En unos días que en mi mente se asemejan a horas con apariencia de minutos, volveré a meterme en las sensaciones de quien se embarca hacia un rumbo nuevo; otra vez con el alma inquieta, a un tiempo ilusionado y fuerte por la cercanía del desafío y temeroso de estar equivocando el rumbo. Y sólo una pregunta ocupa mi mente enfebrecida, ¿estoy cerrando un ciclo o sólo continúo, quizás con un arabesco más pronunciado de lo habitual, este tan trascendental e irrenunciable de mi vida? La respuesta, como siempre, sólo podrán darla el tiempo; quizás el arrojo y la valentía de mi apuesta...

 

V

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22 Septiembre 2009

Geniales palabras interpuestas

Arrasado por los giros de mi propia existencia, y de algún modo mudo ante la magnitud de cuanto me acontece, me veo en la obligación de interponer entre esta bitácora y mis palabras las palabras geniales de dos maestros; ellos me emocionaron en un momento muy emotivo. Benditos sean.

 

The famous blueraincoat casi en la atmósfera mágica en la que yo lo viví:

http://www.youtube.com/watch?v=njQaFhTp2u

 

Y Chelsea Hotel, tal y como yo la escuché, con el corazón encogido por cada detalle de ese 12 de septiembre:

http://www.youtube.com/watch?v=2KVUT7aaqG4

 

Luego llegó alguien en quien siempre encontré cosas, y hablaba de sentimientos que me apelaban con una hermosa potencia; acariciando ciertos rincones de mi alma y retando a otros, como siempre; de un modo irresistible:

http://www.elpais.com/articulo/portada/Demasiada/felicidad/elpepuculbab/20090919elpbabpor_4/Tes

 

Así pues, que hablen ellos mientras yo trato de recuperar el sitio y la voz. Esperemos que sea hasta pronto...

 

V

 

 

 

 

 

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1 Septiembre 2009

Una travesía de sonidos

Es la más oscura de sus obras, y probablemente la que más me ha gustado de ellas; al menos, desde Mi vida sin mí, en donde la tristeza me resultó de una hermosura deslumbrante. Es un relato sombrío compuesto a partir de una fotografía luminosa, muy bella, no sólo el reflejo de una ciudad fascinante, sino también de su propio gusto por los detalles llenos de significaciones; y además de una música sonora, poética, rotunda en algunas voces históricas, a ratos disonante con las imágenes, siempre acertada. Es Mapa de los sonidos de Tokio, la nueva película de Isabel Coixet, protagonizada con acierto por Sergi López y Rinko Kikuchi, y nacida de un nicho de inspiración que encuentro fascinante y familiar.

 

Incardinado en un nuevo tiempo de estímulo y duda, supe desde mucho antes del comienzo de la cinta que estaba ante una historia capaz de emocionarme. Y lo hizo. Durante los minutos de su desarrollo, pude entender el dolor de López, ciego por culpa de ese sentimiento y buscando a golpes el modo de abandonar ese estado; hizo cuanto estaba en su mano de occidental y no sirvió de nada, o quizás sí, tal vez le llevó hasta lo pies de la relación de cuya esencia nunca sabrá lo suficiente. En su rudeza pude reconocer los efectos atroces de un daño tan profundo, la sangre goteando por dentro o estancada en sus miembros tumefactos, llevándole a tomar decisiones destinadas a romper el silencio ensordecedor de sus días inmensos, de las noches en las cuales no es capaz de encontrar una explicación, de explicarse a sí mismo en la desolación de un mundo ajeno. David sufre poderosamente y concentra todo su poder en abandonar ese estado, sin percatarse de que no hay acciones gratuitas, todo en la vida mancha, cada terno se mancha de vida, ineluctablemente; en ocasiones para bien, otras acarreando consecuencias fatales.

 

Su réplica le corresponde a la hermosísima Rinko Kikuchi, de cuya verdad interpretativa ya teníamos conocimiento tras su nominada interpretación de la joven sordomuda en la Babel de González Iñárritu (y de Guillermo Arriaga, por más que le pese) En sus pupilas magnéticas descansa la parte más oscura de la trama, las razones de esa Ryu - brutalmente herida, intuimos- que se deja las madrugadas en un mercado de pescado y más tarde maquilla sus labios para asesinar a otros de quienes lo desconoce todo. Nada sabemos del origen de esa chica silenciosa, alimentada a base de muchis de fresa y enganchada a la estela vertiginosa de un español roto por el dolor; nada o sólo un poco, que es capaz de renunciar a todo por él, siempre complaciente y sensual en el vagón de tren de su Love Hotel, enseñándole a sorber los udon, sin preguntas y con una mirada frontal y sincera. También que sus sonidos tienen prendada a la voz por medio de cuyas palabras recibiremos el relato de algunas de las zonas de sombra de su vida, un cazador de sonidos encerrado en la hermosa nostalgia enamorada de una respiración -ignoro si es posible un sentimiento más sincero y estremecedor, éste me parece insuperable en su fuerza poética-. 

 

Todos ellos componen este mapa sonoro y visual, a cuya travesía les invito. Yo todavía pienso en ella...

 

V

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28 Agosto 2009

Un destello de talento

Había escrito un post bastante interesante sobre David Foster Wallace para introducir una cita brillantísima y talentosa, pero mi wifi se ha empeñado en censurarlo. Lo siento, pero ahora ya no me quedan ganas más que de dejar al propio Wallace explicarse:

 

Los narradores como especie suelen ser mirones. Suelen acechar y observar. Son observadores natos. Son espectadores. Son esos tipos del metro cuya forma disimulada de mirar resulta inquietante. Casi depredadora. Es porque las situaciones humanas son el alimento de los escritores. Los narradores miran a otros seres humanos de la misma forma que los curiosos frenan para ver un accidente de coche: codician la imagen de sí mismos como testigos.

 

V

Tags: david, foster, wallace

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18 Agosto 2009

El sombrío y simpático asesino

Privilegios de la tecnología y condenas de la programación veraniega, me he terminado a la carrera la tercera temporada de Dexter, la serie protagonizada por Michael C. Hall, el adorable David Fisher de A dos metros bajo tierra, aquí también un personaje complejo y asombroso. La serie me fascinó en su primera entrega y me tuvo en vilo durante la segunda, pero no he querido escribir sobre ella aquí hasta ahora, porque necesitaba tener más claras mis ideas sobre ese forense miembro de la policía de Miami, y asesino justiciero cuando la noche destapa sus esencias más íntimas.

 

Dexter Morgan es un ser oscuro, atenazado por los miedos de un tiempo anterior y traumático, desconfiado, maquinal, y adorable. Paradigma de la contradicción, se muestra insensible y sensitivo, desapasionado por la pareja o la amistad, pero entregado a una causa peligrosa y sangrienta por amor a la especie de la que abomina; limpia las ciudades de criminales impunes para conjurar el peligro de sus congéneres, a quienes en ocasiones desprecia profundamente. Mata siguiendo los códigos de su padrastro muerto, Harry, que descubrió en él las tendencias del asesino y le dirigió en una dirección nueva, buscando de sus habilidades una capacidad para mejorar el mundo; apartándole de un destino más sombrío y sangriento, tal vez el de muchos de los asesinos con cuyas masacres nos hemos horrorizado.

 

Dex asesina con frialdad y limpieza, de un modo que se nos hace simpático; incluso cuando quien acaba de quitar una vida por su propio criterio está a punto de ser descubierto, esperamos de él la capacidad para escapar, con un gesto cómico y un pensamiento más profundo, esclavo de su condición y feliz en ella. Porque él es honesto con el espectador, no le oculta sus dudas ni la sed de su alma torturada, no le elude su sufrimiento profundo ni la voluntad de mejorarse; no le esconde sus intentos de rehabilitación con una hermana a quien siempre tiende la mano y una hermosa viuda con hijos ante cuya sonrisa se conjura para ser parecido a los demás. Pero siempre fracasa, o regresa a la fidelidad de quien es, tal vez más sincero de lo que lo somos la mayoría de nosotros, aceptándose y mirando en el interior de sus ojos, frente al espejo, a pesar del hedor de las fosas ocultas más allá de su iris risueño. Sin duda no hay en ella la profundidad de A dos metros, pero en Dexter se encuentran algunas lecciones interesantes, un personaje brumoso y atractivo gracias a quien podemos aprender más sobre algunas facetas apartadas de nosotros mismos.

 

V

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13 Agosto 2009

Presagio de un día grande

Lo encontré en Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata, cuando ya era la madrugada del 12 de agosto de 2009, como un presagio del día grande que estaba por llegar. Y dice así:

 

El sofá de la galería era muy cómodo. Cuando se recostaba en él y estiraba las piernas, todas sus dificultades parecían desvanecerse. Mientras escribía una novela tenía tendencia a dormir mal de noche y a soñar con su trabajo, pero en aquel sofá no tardaba en caer en un sueño profundo que borraba todo.

 

V

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11 Agosto 2009

Soledades imantadas

Ocurre en determinados momentos de nuestra vida; perseguimos a alguien de quien sabemos que también tiene el ánimo de venir a parar a nuestra orilla, y no conseguimos acompasar nuestros ritmos, saliendo repelidos de cada encuentro. Es cuestión de energías, o quizás de cargas eléctricas, pero nuestras soledades se imantan de forma inexplicable, provocando una huida sin tregua ni fin; jamás juntos aunque nunca separados. Así les ocurre a Alice y Mattia en La Soledad de los Números Primos, el sólido debut del italiano Paolo Giordano, quizás no hasta el exceso de sus cifras de venta, pero sí una novela con tramos deslumbrantes.

 

Mattia y Alice provocan la ternura del lector, pero no se trata de un sentimiento cómodo y almibarado, sino de una tristeza que se ahonda con el paso de las páginas. Les seguimos a saltos, colándonos en episodios aislados de épocas diferentes de sus vidas, intuyendo que jamás serán capaces de acompasar sus ritmos, disonantes en sus velocidades a pesar de compartir un deseo genérico y huidizo, situado en el fondo de sus almas atormentadas. Ambos vienen de infancias complicadas, traumáticas hasta un punto que ya nunca podrán olvidar, y apenas son capaces de sobreponerse a ellas. El más dañado es Mattia, en quien concurren fuerzas desiguales y violentas, la genialidad y el deseo de destruirse pujando en su cabeza, bloqueándole ante Ali y el mundo, confinándole en un limbo extraño de vendas y cicatrices. Quiere hacer cosas, ser activo y hasta valiente, pero se sume en la inoperancia con facilidad, obligándose a perder las ocasiones para las cuales se siente llamado con fuerza. "Tienes que venir", le dice ella. Y él regresa a la carrera, aunque terco en su pasividad; polarizado y repeliendo a su fiel imán.

 

Alice tampoco ha podido sobreponerse a muchas de las circunstancias de su vida, cediendo a formas de destrucción sistemáticas y silenciosas, pero es más práctica que Mattia, y eso marcará su devenir a lo largo de la narración. Será su número primo gemelo irremediablemente, pero encontrará un simulacro de vida y, más tarde, reunirá el valor suficiente para volver a recorrer el camino hasta él, obstinada y valiente hasta el punto de emocionarnos; igualmente responsable de la reacción de su imán fiel.

 

Ambos nos llenarán de tristeza en un libro hermoso, estreno prometedor y brillante de este jovencísimo narrador transalpino, en cuya prosa de científico me enganché desde la dedicatoria del libro. "A Eleonora, porque en silencio te lo prometí", dice.

 

V

 

PS: Crossed fingers!

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Sobre mí

Un blog en el que cabe todo aunque no se refiere a nada. O que se centra en la nada desde la aspiración de aprisionarlo todo. Una bitácora sobre miradas, libros, películas, adioses y cruces de caminos; sobre las luces, los colores y la áspera poética de la derrota. Una antología de pensamientos trufados de sensaciones; pura arquitectura racionalista de los sentimientos. Un contrasentido, o casi más un sinsentido. La vida de quien se confiesa un adicto al jaque mate.

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