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La Coctelera

Adicto al jaque mate

13 Septiembre 2007

Recuerdos de un día atroz

Todavía recuerdo con un estremecimiento la secuencia atroz del 11 de septiembre de 2001, el modo en que el horror de sus imágenes hizo presa en mí. Recuerdo que vivía inmerso en un año terrible, el mismo en el que la vida me había enseñado su capacidad para golpear mi mundo sin piedad; para infligirme un dolor que nunca cesa aunque a veces se atenúe y suavice: el de la pérdida de alguien esencial en tu mundo; recuerdo también que me levanté tarde, seguramente porque habría salido la noche antes, que puse la tele mientras ejecutaba las rutinas previas a mi marcha al trabajo, y que ella me encadenó, a tiempo real, a la narración que Ricardo Ortega y Matias Prats hicieron de los hechos. Recuerdo que vi estrellarse el segundo avión y que cuando me puse al volante de mi viejo coche (un cordón umbilical con quien ya no estaba que todavía hoy sigue vigente) apenas podía contener mis ganas de llorar.

Recuerdo que yo trabajaba en algo que no tiene nada que ver con Nueva York, los integristas islámicos o las causas humanitarias; y que nada ese día parecía distinto del drama que se nos avecinaba, del miedo ante lo que podía venir después (y lo que vino, ese 11-M estremecedor, que viví con ansiedad y pánico tan lejos de Madrid) Recuerdo, y todavía con una punzada de emoción, el modo en que todo ello me atacó; la facilidad con la que hizo presa en mi alma aún doliente. Recuerdo que sentí que se perdían en mí muchas cosas, la fe en los hombres, en nuestra capacidad de entendimiento; el convencimiento de que las personas somos esencialmente buenas; que nadie daña por el simple placer de presenciar el dolor...

Y recuerdo, ahora, mis sensaciones cuando pisé la Zona Cero de Nueva York, el vacío impresionante que generaba el agujero rodeado de vallas, el silencio de quienes nos acercábamos hasta allí, la emoción acumulada como una electricidad estática en ese distrito financiero. Fui hasta allí en mi primera jornada newyorker como un homenaje a todas las víctimas de esa sinrazón, pero también para reencontrarme con mis sentimientos de aquellos días, para no olvidar esa conmoción y hacer que renaciera en mí la convicción de que la convivencia depende del diálogo, la comprensión, la paciencia y la generosidad.

V

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Sobre mí

Un blog en el que cabe todo aunque no se refiere a nada. O que se centra en la nada desde la aspiración de aprisionarlo todo. Una bitácora sobre miradas, libros, películas, adioses y cruces de caminos; sobre las luces, los colores y la áspera poética de la derrota. Una antología de pensamientos trufados de sensaciones; pura arquitectura racionalista de los sentimientos. Un contrasentido, o casi más un sinsentido. La vida de quien se confiesa un adicto al jaque mate.

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