La facilidad de Pàmies
Terminé anoche Si te comes un limón sin hacer muecas, y me quedé maravillado con su facilidad; con esa facilidad pasmosa, desarmante, engañosa, de Sergi Pàmies. Es un libro de relatos que cuenta con la virtud de la sencillez; y habrá que hacer la aclaración para los simplistas de que sencillez no es lo mismo que simpleza. Lo segundo -no necesariamente negativo- habla de una falta de complicaciones, intelectuales, mecánicas y hasta personales; lo primero, de un prodigioso manejo de la técnica, capaz de armar complejísimas estructuras y hacerlas sustentarse sobre livianos pilares de comprensión; todo a la vista y de lectura clara, el peso de las historias cuya raíz asoma gravitando mucho más abajo, como una invitación para los lectores más avezados; el camino que sólo transitaran algunos y que, sin embargo, no hará incomprensibles los relatos para quienes se queden en su superficie estética.
Era mi debut con el Pàmies narrador, y lo cierto es que ya le tenía ganas; he seguido con frecuencia y deleite sus entregas en el periódico, el cultivo de esa forma de la literatura más apegada a las cosas del mundo. Ya ahí había tenido la oportunidad de sorprenderme con ese don de la claridad, la capacidad -como ya se dijo- de hablar de cosas muy profundas con una apariencia de simplicidad o relajación, incluso con el sentido del humor que otros sólo podemos utilizar para lo muy trivial. Algo tan difícil que en ocasiones se convierte en una montaña de imposible ascenso para el que pelea en las páginas de un diario, ser capaz de ir muy profundo sin perder el enganche con la superficie, contar mucho omitiendo bastante, ser legible, y ofrecer un camino para el que quiera ir hasta el final de cada idea; llenar de hebras que conducen a otro lugar sin perder su sentido como parte del tapiz. Casi nada.
Pues bien, su literatura no defrauda por cuanto convierte la virtud anunciada en sus textos urgentes del diario en una alargada sucesión de relatos de facilidad engañosa; tan llenos de matices que, a pesar de su brevedad, se alargan en el tiempo (de lectura, relectura o interpretación) Como indica Vila Matas en el prólogo magistral del breve e inmenso libro, uno termina por darse cuenta de que Pàmies le ha engañado, vendiéndole como breve lo que no es sino un inabarcable muestrario de comportamientos y actitudes, la excusa desde la que se puede acceder a horas de razonamientos e interpretaciones. Los relatos son magníficos porque tienen esa dualidad casi imposible; una primera lectura para bañistas, en la que se revelan bien escritos, curiosos en sus historias, interesantes, breves, nada complejos en su gramática o semántica; y una profundidad para buzos, donde cada línea abre fosas más densas, llenas de materiales en los que hurgar, de donde obtener hilachas que conduzcan a más historias, como una condena que impida parar o una bendición de incansabilidad lectora... Una joya que me despierta esa envidia gozosa e incoherente de quien encuentra en otros lo que persigue en sí mismo, el desafío de saber que existe y es posible; si se persigue lo suficiente...
V
PS: Vila Matas deja varias perlas en su prólogo, muy en la línea del tiempo que atravieso; la corrección como un modo de llegar más lejos; insalvable y doloroso proceso por el que es imposible no transitar. Y Monterroso, siempre delicioso, "yo apenas escribo, sólo corrijo"...
