Y alzó el vuelo
Fue ayer, hacia el mediodía en el plano del ser; por la tarde en lo corporal; y en la noche en el acto físico de abandonar mi ámbito protector, ir al encuentro de otros rostros distintos del de quien lo alumbró. De repente, abrí las manos temblorosas... y alzó el vuelo. No de forma majestuosa o señorial, con la sabiduría de muchas horas de travesía o vidas previas de surcar cielos; no, apenas fue una forma dubitativa de levantar su cuerpo todavía frágil, un aprendizaje de vuelo que albergaba en sí mismo el prodigio de lo que comienza y crece desde el desconocimiento; con esa osadía imprudente y valiente de los pioneros; de un modo torpe que a mí me llenó de ternura.
El esfuerzo titánico en el que más intensidad, fe, esperanza y determinación he puesto se hizo realidad ayer, en el minuto mágico en el que se convirtió en algo independiente de mi mano creadora, en un objeto enjuiciable y autónomo; con capacidad para llegar hasta otros, de -espero- apelar a sus emociones y generarles sentimientos desligados de mí o mi presencia. Y fue algo increíble, una compensación inmensa, que hoy me hace sonreír sin límites y me anima a seguir adelante, a comprometerme más en una nueva vida de la que no podría escapar ni aunque quisiera.
Deseadle suerte. Deseádmela también a mí.
V

Rhoeas Papaver dijo
Es curioso, el escritor. Es una contradicción y un sinsentido. Escribir es también no hablar. Es callarse. Es gritar sin hacer ruido. Replanteándoselo, un escritor, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito, más aún de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo opuesto al cine, al teatro, lo opuesto al resto de espectáculos. Es lo opuesto de toda lectura. Es el más difícil todavía. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, esto es, lo cerrado. Es el libro quien avanza, quien crece, quien avanza en direcciones que se creía haber explorado ya, quien avanza hacia su propio destino y hacia el de su autor, anonadado entonces por su publicación: la separación de él, el libro soñado, como el hijo pequeño, el benjamín, siempre el más querido.
Marquerite Duras, Écrire
6 Octubre 2008 | 01:49 AM