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La Coctelera

Adicto al jaque mate

3 Febrero 2009

Herzog entre los escombros

Primer aviso a tener en cuenta: no voy a descubrir la pólvora en este post; dirá alguno que nunca lo he hecho en este blog, y tendrá la razón casi al completo, quizás un reguero ínfimo y eficaz de pólvora lleva tiempo extendiéndose por aquí, silencioso, sutil, espero que próximo. Pero no es ése el lugar hacia el que caminamos hoy, sino, como ya se dijo, a la revisión de un clásico consagrado hace muchos años, publicado en 1964 y escrito por un autor reconocido con el Nobel (en uno de esos raros años en los que la Academia, a fuerza de errática, va y acierta) en 1976, uno de los grandes monumentos de la narrativa americana del siglo XX; Herzog, de Saul Bellow. Y, seguramente, la obra más importante de un escritor señalado como columna vertebral del pasado siglo en la letras americanas, junto a Faulkner según la crítica, y dando paso a Philip Roth, que habita con solidez y maestría también el XXI. Una afirmación para la polémica si se quiere, es difícil ser así de contundente con un siglo tan prolífico y excelente, en donde desarrollaron su magisterio infatigable autores como Capote, Mailer, Dos Passos, Miller, Updike, Scott Fitzgerald y otro buen puñado que me estaré dejando atrás; pero en cualquier caso una aseveración que nunca debe tapar el bosque de la realidad: Saul Bellow es uno de los imprescindibles de las letras universales.

 

Herzog es una historia enciclopédica y esencial sobra la ruina que se cierne en torno al protagonista, Moses Herzog, profesor universitario de 47 años, recién separado de su segunda esposa, Madeleine, de quien sigue enamorado y cuya conjura infiel no entiende. El fracaso de su segundo matrimonio -y cabe añadir a efectos aclaratorios que del primero emergió con limpieza porque fue él quien soltó el cabo- le supone una demolición atroz e incomprensible, un veneno que no es capaz de conjurar y que le va corroyendo por dentro, llevándole a un estado desesperado y vengativo, de donde emerge con una pregunta que le lacera y aturde, remitiéndole a un escenario de fracaso y descomposión. "¿Acaso no sirve de nada la inteligencia?", se pregunta angustiado. En ese momento, y movido por fuerzas ajenas a su propia voluntad y control, comienza a tratar de explicarse a sí mismo, poniéndolo todo en perspectiva para arrojar sobre las circunstancias de su vida una luz capaz de serenarle y mantener a flote su debilitado raciocinio. "Si estoy como una cabra, ¿qué le voy a hacer?", comienza diciendo, y se aplica a la labor de "aclararse y corregirse".

 

Animado por corrientes contradictorias y tempestuosas, Herzog comienza a escribir cartas, cientos de ellas y a receptores cada vez más peculiares; cartas destinadas a no ver la luz y, por esa condición, dirigidas a Dios, el Presidente de los Estados Unidos, premios Nobel, a personas muertas y vivas, conocidas o no. Al mismo tiempo, hace cosas extrañas, prisionero de impulsos tempestuosos, contradictorios, inservibles, descabellados o absurdos; escenas que mueven al lector a la ternura y le identifican con el monumental esfuerzo de quien, sepultado por los escombros de cuanto creía ser, tiene la presencia de ánimo suficiente como para querer sacarse toda esa ruina de encima y seguir viviendo. Herzog busca sus razones, y las encuentra en sus hijos, June y Marco, a quienes sólo podrá ver de tarde en tarde; en la entrega sexual y valiente de Ramona, una tabla de salvación con algo matriarcal; en la casa de Ludeyville, el símbolo de la ceguera de su entrega amorosa por Mady y, por eso mismo, el lugar último a donde acude para inaugurar al nuevo Herzog, valiente, intelectual, sensible y desastrado; al personaje en quien el lector sólo puede encontrar hebras de familiaridad y un poso firme de simpatía. Lo que no es poco ni sencillo

 

V

 

PS: M-000650/2009 es el número del bidón de pólvora cuyas hilachas asoman por doquier en este rincón, la matrícula de barco en el que un sueño navega firme y solitario.

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Sobre mí

Un blog en el que cabe todo aunque no se refiere a nada. O que se centra en la nada desde la aspiración de aprisionarlo todo. Una bitácora sobre miradas, libros, películas, adioses y cruces de caminos; sobre las luces, los colores y la áspera poética de la derrota. Una antología de pensamientos trufados de sensaciones; pura arquitectura racionalista de los sentimientos. Un contrasentido, o casi más un sinsentido. La vida de quien se confiesa un adicto al jaque mate.

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