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La Coctelera

Adicto al jaque mate

3 Marzo 2009

Viejas nuevas formas de narrar

Es un tema tan manido que aburre sólo de pensar en él, la pervivencia de la literatura, o más concretamente de la novela, su supuesta muerte y la superación de sus límites. Un tema de viejos, tiendo a pensar, de elefantes que se consideran los últimos herederos del género, anquilosados en la relectura (no diré qe inadecuada) de los clásicos, y despreciando al mismo tiempo -prisioneros de una absurda ignorancia- las voces que ocupan y saturan su espacio contemporáneo, la realidad de cuanto se cuenta hoy, más vivo y palpitante, también con una mayor capacidad de influir sobre la realidad cotidiana. ¿Puede morir en algún momento la tradición inmemorial de contar historias? Es obvio que no. Se superarán los modelos, se introducirán nuevas formas de contar y hasta se llegará a formatos más novedosos o tecnológicos, pero en el fondo todo seguirá dependiendo de una sola cuestión, más importante y trascendental, ¿Importa lo que se cuenta, gusta la historia? Entonces hay interés, lectores, libros. Y no hay más discusión.

 

Razonaba esta cuestión anoche, en el fulgor deslumbrante de una nueva noche insomne, y después de haber rematado en pocas horas dos libros muy distintos, de generaciones separadas por una inmensidad de años y letras; el miembro por excelencia del boom de la literatura lainoamericana, y el gran aglutinador de la Generación X estadounidense. Gabriel García Márquez, Gabo, y Dave Eggers; en quienes encontré una insospechada confluencia de estilos y temáticas, la verdad triunfante de la auténtica literatura, su descarnada y luminosa realidad: importa lo que se cuenta, también el cómo, pero nunca sin un sustento argumental real; la ficción es hermosura verbal y sustancia nutritiva o no es nada. Y por ahí los extremos se tocan, de modo que García Márquez y Eggers están más cerca de lo que parece; coincidentes en sus viejas formas de narrar, Gabo, modernísimo; Dave, de un clasicismo impecable.

 

No cometeré el error de intentar explicar la figura de Gabriel García Márquez, tótem seminal de la literatura suramericana desde el boom hasta nuestros días y auténtico gigante de las letras universales. Un hombre peculiar y mágico, de quien Rafael Reig cuenta con gracia y desparpajo su peripecia literario-vital en Manual de Literatura para Caníbales; poseedor de una prosa deslumbrante, de una utilización del lenguaje frondosa, que se multiplica y, como dice alguien cuya opinión lectora venero, explota en una primavera imparable, donde todo es exuberante, explicativo, llenos de colores y significados, sonoro, rotundo, alegre y dramático, germinal. La obra que me ocupó es la última de las suyas, Memoria de mis Putas Tristes, apenas un ejercicio de estilo de un maestro en quien las palabras fluyen con orden y disciplina incluso en sus textos, podría decirse, menores. La historia es hermosa, una brillante trama de amor otoñal y obsesivo, sensualísimo, algo mágico, el intento desesperado de un amante de la vida por mantenerse en liza hasta el último de sus días, disfrutando de la fragancia de su Delgadina y de las respuestas vibrátiles de su cuerpo dormido ante los cuidados que le dispensa con mimo y dedicación; una apología de la vitalidad y el entusiasmo, de la ilusión y su multiplicidad de formas y apariencias. Y un libro en donde queda de manifiesto la rabiosa modernidad de Gabo, su manejo de una temática conflictiva, la descripción cinematografica, el universo alucinatorio orquestado en apenas unos trazos, con envidiable solvencia y oficio; con un talento fascinante.

 

Un talento, cabe enlazar, entroncado con el de Dave Eggers, bandera de la Generación X de la narrativa estadounidense (ya casi superados por los Offbeat, ojo a ellos), potente figura aglutinadora, creador de la editorial Mc Sweeney's, del proyecto de escuelas de letras gratuitas 826 Valencia, autor destacadísimo en The New Yorker, Esquire o The Believer, y escritor de cuya pluma se han emancipado Una historia conmovedora, asombrosa y genial, Ahora sabréis lo que es correr y Guardianes de la Intimidad, el libro de relatos del que quería hablar. Publicado originalmente, con el título How we are hungry, este conjunto de historias cortas da cuenta de su soberbia raza de narrador, intenso, manejador de un lenguaje poderoso y sugestivo, clásico en muchos de sus planteamientos y extraordinariamente moderno en otros de ellos, que se remite a la tradición en muchas de sus estructuras narrativas y las hace saltar por los aires en otras de ellas, especialmente en Hay algunas cosas que debería callarse, genialidad que no sólo había que tener el valor de inventar sino de llevarla a cabo finalmente. Eggers cuenta historias nuevas, en cuyo lecho de légamo y lodos, habita un fondo de literatura antigua, tradicional, todavía útil y evocadora, la de Gabo y la suya propia, las que se enlazan en una cadena de fácil identificación, válida hoy como hace veinte siglos, como dentro de veinte más: las historias valen cuando transmiten, cuentan, emocionan. Y no hay más.

 

V

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Sobre mí

Un blog en el que cabe todo aunque no se refiere a nada. O que se centra en la nada desde la aspiración de aprisionarlo todo. Una bitácora sobre miradas, libros, películas, adioses y cruces de caminos; sobre las luces, los colores y la áspera poética de la derrota. Una antología de pensamientos trufados de sensaciones; pura arquitectura racionalista de los sentimientos. Un contrasentido, o casi más un sinsentido. La vida de quien se confiesa un adicto al jaque mate.

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