Pensamientos en la tarde de un sábado
- ¿Cómo se equiparan las velocidades divergentes cuando ninguno de los individuos envueltos en la "carrera" está dispuesto a renunciar a la suya? ¿Existe la posibilidad de que uno de ellos frene sin que vea pulverizada su esencia? ¿Y de comprender?
- ¿Quién controla al controlador, o más allá, existe algún criterio objetivo por el cual alguien tenga la capacidad de ejercer un control sobre otro? ¿Y si su voluntad es inequívocamente injusta, arbitraria, estúpida o mezquina, se le puede derrocar? ¿Es entonces lo opuesto el nuevo criterio válido o bastaría con el cambio de la persona?
- ¿Por qué sólo se valora lo que se pierde, incluso cuando uno ha puesto todo su empeño sistemático en perderlo? ¿Es más cierto el desdén primero o la angustia recuperatoria posterior, aunque esta última suene a pataleta, a falseado propósito de enmienda?
- ¿De dónde, y sobre todo por qué, vienen los sueños? ¿Cuáles son sus enseñanzas, qué hay en sus mensajes subyacientes, encerrado en las palabras que nos susurran y permanecen más tarde en nuestra memoria, no siempre de un modo consciente? ¿También arraigan los sueños que no podemos recordar? ¿Nos gobiernan, y hasta desgobiernan, con un criterio distinto del que consideramos nuestro?
- ¿Se enquistan los besos en los labios inadecuados o perezosos? ¿Pueden volverse solidos en la superficie suavísima por donde apenas deberían deslizarse, y convertirse de ese modo en un obstáculo para besos venideros? ¿Ha muerto alguien por la acción de un beso inadecuado o mentiroso; y en las antípodas de este pensamiento sombrío, ha revivido alguien por la magia de un beso anhelado o anhelante?
- ¿Tiene la tristeza la capacidad fascinante de posarse en determinados ojos, confiriéndoles una mirada diferente, de una intensidad extraña y magnética, no tanto el fuego de quien inquiere, ama o sufre, más un rescoldo lejano y activo, a veces de indiferencia, en otras de desánimo o melancolía? ¿Puede la luz regresar a esa mirada y, de hacerlo, no la estropearía, banalizándola y equiparándola al resto; y aún más, puede una mirada triste pertenecer, al menos en alguna etapa, a alguien feliz, dichoso, enfebrecido?
V

buscando dijo
Guau... que pasada!
Me han encantado tus pensamientos de este sabado por la tarde, un saludo!
13 Junio 2009 | 08:33 PM