33 recuerdos, un deseo y algo inexplicable
Celebro mis muy curtidos (y todavía anhelantes) 33 con una copa extraña y un portátil que cada vez se adapta mejor a mis manos voluntariosas; y me entrometo en mis recuerdos para dejar 33 de ellos, quizás lo más significativos; seguramente no.
1.- Recuerdo, mágica o inexplicablemente, mi tercer cumpleaños. Un piso que podría recorrer ahora mismo con los ojos cerrados; mi padre y la llegada de uno más a la famila. Felicidades, R. Inevitablemente, algo especial nos tendrá siempre atados.
2.- El "callejón" de mis juegos, un universo complejo en donde comencé a sentar las bases de quien ahora soy, defendiéndome de las agresiones o haciendo valer mis opiniones, ya entonces asentadas, polémicas y hasta incendiarias. Ah, y nunca el mejor del equipo, ja ja. Si el día que más popular fui jugaba de portero!
3.- Mis primeros libros, Los Hollyster, Los Cinco, El Club Hitchcock, ¡los de El Barco de Vapor!
4.- Mi beso debutante, una realidad confusa, demasiada carne o humedad; probablemente yo esperaba sensaciones etéreas, quizás incluso una banda sonora.
5.- El concurso de educación vial que gané con cinco años, gracias a un dibujo que incluía bocadillos con diálogos, el narrador ya buscando su hueco; supongo que mi felicidad fue tan grande como para bloquear la evolución de mi pintura en el momento mismo de mi éxito: sigo pintando como ese niño perdido.
6.- Mi bicicleta, el día de mi comunión; la sensación de importancia; también los trompazos, es raro haber llegado entero hasta una edad tan adulta.
7.- Mis sentimientos de la noche de Reyes, y todavía más los de esa mañana, que aún anidan en mí; incluso hoy me inquieta saber qué han elegido mis familiares para mí, si me conocen lo suficiente y aciertan. Casi siempre, sí.
8.- Mi primer relato: "Memorias de un Emigrante", nacido de las palabras inspiradoras de mi abuelo y escrito con la intención de obtener una plaza en La Ruta Quetzal. Infructuosamente, ja ja, ¿les suena?
9.- Mis primeros poemas, y también la fuente inspiradora, ahora tan lejana y desconocida; los versos tan llenos de ternura e idealismo que todavía hoy me curvan los labios en un sonrisa complacida. ¿Los conservará la persona a cuyas manos fueron a dar?
10.- La Muerte, con mayúsculas y sombra; llegada con estrépito y dolor, descalabrando el universo de mi adolescencia y confinándome a una realidad nueva, extraña. Mi propia respuesta ante ese individuo incómodo y lacerante, la responsabilidad.
11.- Un sonrisa, la de mi padre, a quien espero ver sonreír dentro de mí por el resto de mis días; con orgullo, añadiría.
12.- Las partidas de cartas, de ajedrez o de dominó con mi abuelo; cómo se cabreaba cuándo perdía, cuánto disfrutaba yo ganándole (y cabreándole), y lo mucho que le quise.
13.- El primer trabajo; de nuevo la responsabilidad, pero también el orgullo, el orgasmo de ver tu nombre impreso en el papel y la exigencia de hacerlo mejor siempre. También hoy, en cada nuevo trabajo, sin que importen los años de experiencia o el desgaste de ese mismo tiempo.
14.- El polvo inicial... ¿bueno? Un enigma para mí, la primera vez de los cuerpos desnudos con esa intimidad, la otra persona sin saber de mi debut angustiado, pelín doloroso incluso...
15.- Los polvos posteriores, todos, incluso los malos, apoyados sobre los muy buenos; la certeza de una piel, contra la que no existen argumentos ni excusas.
16. El jinete polaco, Muñoz Molina entonces y siempre, seguramente mi primer deslumbramiento, la pequeña pulsión latiéndome allá lejos.
17. Sobre héroes y tumbas, de Sábato; y más tarde, La insoportable levedad del Ser, de Kundera; ahora sí, la tripleta por culpa de la cual ahora estoy encadenado a este banco delicioso y cruel de la escritura.
18.- Madrid, cuando la rechacé por inalcanzable; cuando la amé por cercana; ahora, que no sabría vivir sin ella (o sin tenerla una buena parte de mi tiempo)
19.- Los amigos, a quienes no enumero por intimidad y prudencia; tantos y tan buenos como para hacerme sonreír en los días oscurísimos o tristes; tanta suerte.
20.- Las noches de copas; no una sino todas, porque enumerar las memorable sería larguísimo; y porque no hubo ninguna en la cual no aprendiera algo.
21.- Mil libros, en camino hacia un millón; la felicidad inmensa de abrir uno nuevo; la incomparable de cerrar otro sin cuyo recuerdo ya no sabría vivir.
22.- La sala oscura, expectante, y el comienzo de una película; de todas las películas. Incluso de las pésimas; inexcusablemente de las muy buenas.
23. El genio temeroso de Luppi en Hache, la ternura endurecida de Eastwood en Los Puentes, la ambición de Darín en El mismo amor, Léolo, En la ciudad sin límites, Gran Torino, Million Dollar Baby, Un lugar en el Mundo, Roma, El hijo de la novia, Deseo/Peligro... Uff, y lo que ha de llegar!
24.- Río de Janeiro, su luz, la belleza privilegiada de los cuerpos, un modo de vivir lleno de sensualidad, como si nada importara o no hubiera un mañana; tamaña felicidad y tanto por aprender.
25.- Lisboa, la primera y siempre una de las predilectas, hermosa, decadente, poética... ¡la ciudad de Pessoa!
26.- Pessoa... Y si digo algo más, tendría que decirlo todo. "No, no quiero nada/ya he dicho que no quiero nada..."
27.- Bécquer, el primero en cuya poética encontré asideros; Neruda, esencial en un tiempo complicadísimo; el Grupo del 50, deslumbrante hasta hoy... la poesía como una necesidad desprotegida.
28.- Nueva York, recién aterrizado y con los ojos fuera de las órbitas; la sensación poderosa de que un día volvería para habitar sus calles.
29.- Central Park años más tarde, como la confirmación real de un sueño en vías de su cumplimiento, también como un estímulo para la voluntad en ocasiones dubitativa. NYC, y basta.
30.- Mi última media hora en Barajas antes de embarcar hacia NYC, solos mi sueño y yo, el miedo y la dicha por haber sido así de osado. Las lágrimas que cristalizaron mi alegría horas más tarde, a muchos pies de altura sobre la realidad abandonada, a velocidad de crucero hacia el centro mismo de quien soy.
31.- La satisfacción de volver la vista y encontrar una trayectoria, peleada, sincera, honesta y en muchas ocasiones incluso errónea; pero un camino indudable, reproducible por curiosidad o emulación.
32.- Durante mucho tiempo, el verde; más tarde, el azul; hoy casi cualquiera; los colores, poderosos en la vista y, de algún modo, capaces de hacerse perdurables en mi recuerdo.
33.- Las celebraciones previas, como una escuela para ésta y las venideras; la dicha de la vida por encima de cualquier consideración adicional. Vivir como aprendizaje, como antídoto para cualquiern cosa; incluso para la vida misma.
El deseo: Duelos, a quien tanto debo y en cuyas páginas tanto he depositado, porque sé que su tiempo está por llegar; e intuyo de la capacidad transformadora de su presencia...
Y algo inexplicable: Martín, Bruno y Silvia, hoy tan dentro de mí como para poseer mis días y noches; confío que pronto una realidad completa y satisfactoria. Mis compañeros más íntimos de viaje en este cumpleaños, felizmente; a ratos, para mi condena...
V
